En 2013, Fátima y su familia huyeron del sitio y destrucción de Homs, Siria. Con sus dos hijos, sin patria y desamparados, comenzaron su largo viaje hasta que al fin les concedieron un permiso de residencia en Bulgaria. Con la ayuda de agencias católicas echaron nuevas raíces y escribieron el comienzo de su nueva historia integrándose en la sociedad búlgara y abriendo una nueva panadería. Vulnerables y rechazados durante años, ahora son parte de una comunidad, reflejo de una nueva esperanza para otros y una bendición para sus nuevos vecinos. “Estamos comenzando nuestra vida”, dice Fátima.
