Transformaciones del corazón

Maggie llegó a la entrevista preparada con estadísticas y llena de miedos. Bnyad llegó ansioso por compartir su experiencia como un refugiado que busca asilo. Ella agarró su rosario. Él tenía sus cuentas de oración. Tuvieron una pequeña charla mientras eran fotografiados. Y luego él la invitó a continuar la conversación.

A veces, una taza de café lo cambia todo.

En septiembre de 2017, el Papa Francisco presentó la campaña “Compartiendo el viaje” pidiendo a los fieles que adoptaran la experiencia de los migrantes y los refugiados. “Escuchen sus historias”, exhortó el Santo Padre, “Conozcan sus experiencias”. A través del diálogo con personas que a menudo nos parecen invisibles, explicó, nuestros corazones se sentirán conmovidos a actuar.

Inspirada por la invitación del Papa Francisco, a principios de este año CRS entrevistó a docenas de refugiados y ciudadanos nacidos en los Estados Unidos como parte del proyecto llamado “No temas”. Nos preguntamos si hablar sobre nuestros miedos podría unirnos en lugar de dividirnos, por lo que les pedimos a nuestros entrevistados que compartieran sus miedos, sus esperanzas y sus historias. También alentamos la auto-reflexión y el diálogo, mientras que las personas posaban juntas para fotografías.

Be Unafraid CRS campaign Maggie
Photo by Jeremy Cowart for CRS
De la manera más obvia, Maggie y Bnyad no podrían haber sido más diferentes. Maggie, de 19 años, que recientemente se mudó a Nashville de Traverse City, Michigan, había abandonado la universidad y estaba trabajando como secretaria. Ella dice que llegó al evento “No temas” preparada para debatir. “Estudié para ello”, admite. “Siempre me ha gustado la política, así que me pasé el tiempo memorizando estadísticas y tratando de encontrar datos para ganar y demostrar por qué sería malo dejar entrar a los refugiados”.

Durante la entrevista, Maggie compartió sus temores sobre la inmigración masiva a los Estados Unidos por parte de musulmanes, convencida de que la violencia seguiría de la manera en que creía que había ocurrido en algunos países europeos. Fue solo cuando el entrevistador le pidió que pensara en la frase “amar a tu prójimo” y lo que podría significar para ella, que Maggie dijo más tarde que se sentía en conflicto:

“En mi cabeza, yo pensaba, «Bueno, es moralmente incorrecto no permitir que los seres humanos ingresen a un país cuando están siendo lastimados»”, explica. “Pero estaba tan preocupada de que los extremistas ingresaran al país que pensé que la solución era no dejar entrar a nadie porque así los extremistas no pueden entrar”.

“Así que en lugar de resolver el problema, lo estaba ignorando”.

Share the Journey
Photo by Jeremy Cowart for CRS
Bnyad, de 21 años, un organizador comunitario con aspiraciones universitarias, llegó a “No temas” como un narrador experimentado de su historia. Él había compartido con muchas audiencias que su padre era un traductor iraquí que trabajaba para el gobierno de los Estados Unidos y que la familia se vio afectada por la violencia, fue amenazada por ISIS y finalmente recibió una visa de inmigrante especial para los Estados Unidos. Estaban en una escala en El Cairo esperando su vuelo a Nashville en enero de 2017 cuando el presidente de los Estados Unidos promulgó la prohibición de viajar y no pudieron continuar. Con la ayuda de la Coalición por los Derechos de los Refugiados Inmigrantes de Tennessee y un impulso de los medios de comunicación, Bnyad y su familia pudieron volar a Nashville, donde fueron recibidos en el aeropuerto por, como lo describe Bnyad, “aproximadamente 300 personas—encantadores, increíbles habitantes de Nashville … que cantaron: «Bienvenidos a casa, bienvenidos a casa»”.

“Trajeron carteles y nos dieron la bienvenida en nuestro idioma nativo e inglés”, recuerda. “Fueron algunos de los momentos más críticos de nuestra vida”.

Maggie y Bnyad se conocieron por primera vez en la sesión fotográfica de “No temas” en mayo de 2018, cuando el fotógrafo Jeremy Cowart les pidió que colaboraran en la forma de posar juntos para las fotografías. Cuando se les ocurrió la idea de que cada uno sostuviera la cadena de cuentas sagradas del otro, Bnyad le preguntó a Maggie si sabía lo que simbolizaban sus cuentas de oración. Ella le dijo que sí sabía, porque una vez había considerado convertirse al Islam. Se sintió tan conmovido que casi lo hizo llorar, recordó más tarde, y decidió que estaba interesado en continuar la conversación. Así que le pidió que se reuniera con él para tomar un café unos días después, sin saber la profundidad de sus diferencias.

Photo by Jeremy Cowart for CRS

Cada uno terminó teniendo temores acerca de reunirse. Maggie estaba preocupada de que Bnyad intentara convertirla al Islam y estaba decidida a convertirlo al catolicismo. Cuando Bnyad vio la página de Facebook de Maggie antes de su reunión y descubrió que ella era una ávida partidaria del actual gobierno y sus políticas de inmigración, le preocupaba haber cometido un error.

Sin embargo, cuando se reunieron para tomar un café, la religión fue lo último, breve de lo que hablaron—después de temas como la escuela y el trabajo, y ser nuevo en Nashville. Y tal vez reunirse de nuevo.

En su segunda reunión, Bnyad le contó a Maggie la historia del vuelo de su familia, y ella lloró. Esa noche, ella buscó en Google la pronunciación correcta de su nombre porque, como ella recuerda: “Íbamos a salir de nuevo, y me di cuenta que no sabía cómo pronunciar el nombre de este chico. No podía decir su nombre”. Pero su búsqueda en Google también reveló lo inesperado—múltiples noticias sobre Bnyad y su familia. Maggie se dio cuenta que había visto estas historias antes y las había descartado como “propaganda liberal”. “Sin embargo, después de ver ese video de él y su familia, me horroricé”, dice ella, “porque literalmente presioné por esta prohibición [a los inmigrantes] y luché por ella en mi ciudad, y luego vi las consecuencias de eso por parte de una persona que conocía y por la que había empezado a preocuparme”.

Maggie y Bnyad siguieron hablando durante los próximos meses. Ella conoció a la familia de él y convenció a su propia familia de que él no era un terrorista ni era el estereotipo que estaban imaginando. A medida que conocía a Bnyad a través de cada conversación, Maggie se encontró cuestionando algunas de las creencias que tenía anteriormente. “Supongo que me imaginé a todos los musulmanes como extremistas”, explica. “Antes, veía a estas personas como estadísticas, no como seres humanos, y casi siento que cuando conversas con personas cara a cara, ya no eres anónimo. Hace que todo sea real y aporta humanidad y emoción”.

Maggie sufrió un inesperado y profundo cambio de corazón. Decidió irse de Nashville a mediados del verano para regresar a su hogar en Michigan para inscribirse en Northwestern Community College en Grand Valley y reiniciar su educación. Ella había estado orando por una dirección vocacional y ahora la había encontrado: quería estudiar Derecho para poder ayudar a los migrantes y refugiados. “No tenía ningún sentido ni dirección en mi vida [antes de la experiencia en Nashville]”, dice Maggie. “Honestamente, siento que fue un regalo de Dios para ayudarme con qué hacer con mi vida y cómo ayudar a las personas”.

Bnyad considera que la conversión de Maggie es valiente e inspiradora. Señala que el contacto cara a cara y el compartir son cruciales para facilitar la comprensión de la situación de otra persona y que esas oportunidades no ocurren con la frecuencia suficiente. Cuando los individuos se reúnen en persona, reflexiona Bnyad, “hay una dignidad humana unida a ella y uno trata a todos con respeto porque nadie quiere realmente tener una reacción adversa o incómoda. Es una combinación de esas cosas, pero sobre todo simplemente la interacción humana de hablar con otra persona [que hace una diferencia]”.

Bnyad y Maggie han continuado su amistad a larga distancia (y tendrán la oportunidad de hablar sobre su relación en persona en varios eventos de “Compartiendo el viaje” este otoño). Su historia puede parecer inusual—pero no tiene por qué serlo. Como nos dice la Sagrada Escritura, “Pues la Ley entera se resume en una frase: Amarás al prójimo como a ti mismo”. (Gálatas 5,14).

Cuando compartimos nuestras historias, podemos cambiar el rumbo del miedo. Esucha. Habla. No temas.

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Tus prójimos viven al otro lado de la calle y del país, a través de los océanos y los hemisferios. Mientras millones de los hijos de Dios huyen de la guerra, la persecución y la pobreza, el Papa Francisco, Cáritas Internationalis, la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, Catholic Charities USA, y Catholic Relief Services te invitan a compartir su viaje al caminar con ellos en oración y apoyo.