Refugiados de Myanmar en Bangladesh

 

Miles de rohinyás llegan a Bangladesh huyendo de una reciente ofensiva militar que incluye la quema de aldeas. Los rohinyás son los miembros de una minoría musulmana perseguida en Myanmar, país de mayoría budista. Los miembros de esta minoría, al no ser reconocidos como ciudadanos de Myanmar, son apátridas.

Estos refugiados desesperados, empujados por el aumento de la violencia, llegan, a pie o en barco, a un ritmo de 20,000 personas al día. “Me escondí en la selva durante cuatro días. Luego, intentamos llegar caminando a la frontera. Estaba muy asustada”, dice Rajida Begum, una madre de 30 años que huyó de su aldea con algunos vecinos cuando estaba en su noveno mes de embarazo. Tuvo a su hijita cobijada bajo una lámina de plástico, en medio de un arrozal, cinco días después de su llegada a Bangladesh. Con un sentimiento de alivio dijo, mientras mecía a su bebé recién nacida: “Cuando vi que estaba bien y sana, me sentí muy feliz. Le di las gracias a Dios”.

 ““Me escondí en la selva durante cuatro días. Luego, intentamos llegar caminando a la frontera. Estaba muy asustada”, dice Rajida Begum, una madre de 30 años que huyó de su aldea con algunos vecinos cuando estaba en su noveno mes de embarazo.

Esta crisis humanitaria está desbordando los campamentos de refugiados existentes, lo que obliga a muchas familias a vivir en refugios improvisados, como tiendas de campaña construidas con bambú y plástico junto a las carreteras o en las laderas de las montañas. Otras están viviendo con familias rohinyás que estaban ya en Bangladesh.

“La mayoría de los recién llegados necesitan urgentemente alimentos, agua y refugio”, dice Deepti Pant, director nacional de CRS en Bangladesh. “Casi todos carecen de recursos, ya que agotaron todos sus ahorros en el viaje para cruzar la frontera y en cubrir algunas necesidades básicas a lo largo de su camino”.

En estos momentos, CRS y Cáritas Bangladesh proporcionan ayuda, que incluye víveres para dos semanas —arroz, lentejas, azúcar, sal y aceite vegetal— equipos de cocina y otros artículos de uso doméstico, a 5,300 familias desplazadas; en total, la ayuda beneficia a más de 26,000 personas. Cáritas trabaja en coordinación con el gobierno local, agencias de Naciones Unidas y otros grupos de ayuda humanitaria para distribuir estos artículos de socorro.

Pero Deepti dice que las necesidades urgentes son mucho mayores, entre ellas, el acceso a agua potable segura, sistemas adecuados de saneamiento y atención sanitaria, además de seguridad en los abarrotados y desorganizados campamentos de refugiados.

Abdul Rahman, de 21 años, quien perdió a su esposa a causa de la violencia, tiene que cuidar solo de su hijita de cuatro meses. “La niña no deja de llorar. Estoy pidiendo a madres lactantes que me ayuden a alimentarla, pero me siento muy preocupado. No sé si sobrevivirá. No tenemos comida. No tenemos nada de nada”, dice.

 “La niña no deja de llorar… No sé si sobrevivirá. No tenemos comida. No tenemos nada de nada”, dice un padre de 21 años cuya esposa fue tiroteada y muerta por el ejército birmano.

El ministro de Exteriores de Bangladesh ha pedido a Naciones Unidas y a la comunidad internacional de ayuda humanitaria que apoyen al gobierno en su trabajo de asistencia a los recién llegados. Tras visitar el 12 de septiembre las áreas afectadas, la primera ministra de Bangladesh, Sheikh Hasina, dijo que su país ofrecería refugio y ayuda temporales a las personas necesitadas, y que, entre otras cosas, dedicarían algo más de 8 km2 (2,000 acres) para la construcción de un nuevo campamento de refugiados. Ahora, muchas organizaciones internacionales esperan la aprobación del gobierno de Bangladesh para comenzar a responder a esta crisis.

Ayuda a Refugiados de Rohingya Huyendo de la Violencia

Autor: Michael Hill/CRS

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