Gustavo espera para empezar de nuevo

Gustavo
Nacido en Colombia.
Vive en Ecuador.

El conflicto en Colombia desde hace seis décadas entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias continúa siendo una de las peores crisis humanitarias en el Hemisferio Occidental. Grupos armados de guerrillas, narcotraficantes y traficantes de personas han obligado a millones de personas –muchas de ellas pobres– a abandonar sus hogares. Se estima que 250,000 refugiados colombianos han buscado refugio en Ecuador.

Imagina tener que huir de tu propio hogar y no saber siquiera dónde vas a vivir o si tendrás algo de comer. Imagina que, a pesar de esta incertidumbre, tienes que irte de tu tierra y hogar para mantenerte con vida.

Gustavo era un pulidor de joyas y fabricante de relojes en Colombia. A principios de este año, un grupo de hombres entró en su taller y tomó a la fuerza costosas joyas de oro y plata. Regresaron unos días después exigiendo más y un pago a cambio de “protección”. Cuando Gustavo explicó que necesitaba de su dinero para comprar materiales para su trabajo, lo asaltaron y le enviaron una carta amenazando con quitarle la vida a los miembros de su familia.

Gustavo decidió mudarse con su madre a la casa de su hermana, pero el mismo grupo, conocido por sus secuestros y extorsiones, averiguó su nuevo domicilio. Sin pasar por su taller para recuperar sus herramientas, Gustavo junto con toda su familia –su hermana Marta, sobrina Luisa y mama Clara– se subieron a un autobús de larga distancia y viajaron hasta el final del recorrido. Luego encontró a alguien que los ayudara a llegar a Ecuador.

Al mismo tiempo que recibía ayuda de emergencia y un lugar donde quedarse de parte de HIAS, una organización judía estadounidense que ayuda a los refugiados, Gustavo y su familia se conectaron con la Misión de los sacerdotes Scalabrinianos que trabajan en el lugar en colaboración con Catholic Relief Services por más de seis años.

Los refugiados colombianos enfrentan desafíos como la pobreza, viviendas inadecuadas, violencia doméstica, falta de oportunidades para los jóvenes y falta de atención de las autoridades locales y nacionales. La Misión Scalabrini ayuda a los refugiados a integrarse en la sociedad con apoyo legal, consejería y asesoramiento financiero.

“Pensamos a menudo en nuestra familia y amigos. Queremos unirnos a otras personas, compartir con ellos y vivir una vida normal” dice Marta. Luisa quiere sentirse segura, y Gustavo quisiera poder recuperar sus herramientas y empezar de nuevo a trabajar en su oficio, apoyar a su familia y recuperar la independencia y la dignidad perdida.

¿Cómo puedo ayudar?

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Tus prójimos viven al otro lado de la calle y del país, a través de los océanos y los hemisferios. Mientras millones de los hijos de Dios huyen de la guerra, la persecución y la pobreza, el Papa Francisco, Cáritas Internationalis, la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, Catholic Charities USA, y Catholic Relief Services te invitan a compartir su viaje al caminar con ellos en oración y apoyo.