Photo by Philip Laubner/CRS
Una llovizna fría cae sobre Filadelfia. La humedad deja manchas oscuras en las aceras, y el viento empuja las nubes a través del cielo gris. Es el tipo de día que requiere un buen abrigo y un fuerte espíritu. También es el tipo de día que te hace sentir agradecido por cada oportunidad de permanecer adentro.

Sin embargo, en noviembre pasado, en una habitación en el primer piso del Centro Pastoral Arquidiocesano, Anne Ayella prepara a un grupo de treinta o más almas para una caminata que se ha planeado durante el último mes.

Ayella consideró cancelar el evento debido al clima, pero esta pequeña peregrinación es en apoyo de los migrantes y los refugiados, y como ella le dice a los reunidos, “solo piensen en lo que caminan todos los refugiados en el mundo”.

En septiembre de 2017, el Papa Francisco presentó la campaña Compartiendo el viaje al pedir a los fieles que adopten la experiencia de los migrantes y los refugiados. Una forma de hacerlo es organizando o participando en una peregrinación de este tipo—una caminata simbólica de solidaridad con nuestros hermanos y hermanas en sus viajes por una vida segura y justa.

Anne Ayella
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Ayella, actualmente una directora diocesana de Catholic Relief Services que recientemente se retiró de los Servicios de desarrollo nutricional de la Arquidiócesis de Filadelfia después de 37 años, considera una peregrinación como un ejemplo del mandato del Evangelio para dar la bienvenida al desconocido. Organizó el evento como “una forma concreta de ponerse en el lugar de la gente … y estar en contacto con lo que la gente está pasando”.

Usando los recursos disponibles a través de CRS, Ayella reunió una serie de oraciones y lecturas y pidió a los voluntarios que guiaran al grupo en reflexiones y meditaciones en cada una de las cuatro paradas designadas a lo largo de la caminata—esencialmente, la circunferencia de la manzana que alberga el centro pastoral y la basílica catedral de los santos Pedro y Pablo.

Vince Small
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En la esquina de Race y 17th Street, Vince Small, un maestro de inglés retirado que vio el aviso de la peregrinación en el boletín de su parroquia, St. Margaret, en la cercana Narbeth, ofreció la primera reflexión sobre la solidaridad en el sufrimiento. Luego, explicó: “Cuando estaba transmitiendo la reflexión sentía—estaba tratando de contener las lágrimas un poco. Fue profundo”.

“Pensé que la idea de simplemente reconocer que todos somos realmente—¿quiénes son estas personas si no son mis hermanos y hermanas? ¿Qué estoy haciendo profesando una fe, sabes?

Small ve Compartiendo el viaje como un llamado para estar activo. “Veo el temor con el que las personas [refugiados] viven—gente buena, gente que contribuye a la comunidad”, dice, “y me hace sentir muy mal. Protector. Ir a este tipo de cosas. Llamar a los senadores”.

Mary Bell
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Mary Bell, ministra de la solidaridad en la parroquia St. Raymond of Penafort (San Raimundo de Penafort) en Mt. Airy, trabaja en estrecha colaboración con otros feligreses para apoyar a una familia de ocho refugiados del Congo y caracteriza su trabajo de enseñar inglés a la familia como su “ministerio”. Ella ve su participación en la peregrinación como otra pieza de esta vocación. “Esta caminata no es para mí”, dice con convicción. “No estoy demostrando nada por mí. Entiendo. Es una demostración para que otros vean que hay gente aquí que [se beneficia] si solo das un poco”.

A medida que el grupo se abría camino alrededor de la cuadra, se detuvieron en un pequeño santuario dedicado a “el santo de Filadelfia”, John Neuman, patrón de los inmigrantes, y compartieron una oración “por aquellos que abandonan sus países de origen anhelando la libertad y nuevas oportunidades”. Concluyeron cerca de una estatua de la Santísima Madre y rezaron para que las familias en crisis encuentren esperanza.

La caminata completa se realizó en treinta minutos, y Ayella se sintió satisfecha con la planeación y los resultados. “Sentí que fue devota y que había unidad”, dice ella. “Como si todos estuviéramos caminando juntos en familia. Como si somos un solo cuerpo”.

Planear una peregrinación es “tan factible”, agrega. “Y le recomendaría a cualquiera que sea creativo y use su espacio y los recursos para que funcione para él/ella”.

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